He conocido a Lydia en el taller de escritura. Es una señora quechua de sonrisa franca y ojos azabache. Se esfuerza por repetir las letras del abecedario en una libreta cuadriculada que le ha prestado la terapeuta Nelsy. Intenta recordar y reproducir los sonidos de cada consonante, una y otra vez. Cada vez que logra pronunciar el alfabeto entero, sus ojos brillan de satisfacción.  En su bolso esconde otra libretita adicional en la que apunta todo lo que ha aprendido durante el día, probablemente para volver a repasar por la noche.

La imagino al atardecer, cuando todas las internas se van a dormir. Unas pasarían el rato acicalándose el cabello o descansando. Ella estaría en su lecho, con su libretita, repitiendo para sus adentros cada nueva letra.

Lydia sólo habla quechua. Intenté preguntarle algunas cosas sobre su familia y su historia pero no conseguíamos entendernos . Así que fui a buscar al profesor Gonzalo, que es bilingüe (quechua-español), para que me ayudara a traducir mi entrevista.

Gonzalo le preguntó a Lydia sobre su familia. Ella tiene cinco hijos, que actualmente viven en La Paz y están al cuidado del padre. Ella no los ha visto en muchísimo tiempo. El mayor, Julio César, es mayor de edad y ya tiene una hijita. No tiene el teléfono de nadie y no tiene cómo contactarles. No sabemos si ellos saben que ella está en el hospital. No tenía una buena relación con el marido, él era violento.

Me llamó la atención que no lleva pollera. El profesor le preguntó por qué y ella contestó que le dejó su pollera y 1.400 Bolivianos a una prima antes de su último ingreso hace tres años.

Su sueño es trabajar y ganar suficiente para algún día construirse una casita donde la puedan visitar  sus hijos.

Lydia trabaja todas las tardes en la lavandería de un hospital cercano perteneciente a la misma orden religiosa que el hospital psiquiátrico. Gracias a un convenio, algunos pacientes pueden salir y trabajar unas horas en este otro hospital. Esta actividad se considera una terapia así que se les entrega un «incentivo económico» por realizarla.

Las encargadas están muy contentas con Lydia. Dicen que es muy puntual y responsable, y siempre se queda hasta concluir su trabajo.

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